Ruth
Ruth —SÃ; por supuesto: pero incluso una mujer que no sea adecuada para otra cosa, puede moverse con delicadeza, puede hablar educadamente, puede suministrar las medicinas prescritas por el doctor y permanecer despierta durante la noche; éstas son las cualidades más destacadas de una enfermera.
Ruth se quedó en silencio. Finalmente dijo:
—De cualquier modo es un trabajo, y en cuanto tal, estoy muy agradecida. No puedes hacer que me eche atrás. Quizá sabes muy poco de cómo ha sido mi vida, de cómo me he visto obligada a la inutilidad, para que me entiendas.
—Quiero que nos visites, que vengas a vernos a nuestra nueva casa. Walter y yo habÃamos decidido convencerte para que lo hicieras frecuentemente (fue Jemimah quien lo decidió y el señor Farquhar consintió). Y en cambio ahora, estarás recluida en una enfermerÃa.
—No hubiera podido ir de todos modos —se apresuró a decir Ruth—. ¡Mi querida Jemimah! Es muy hermoso que lo hayas pensado, pero no puedo ir a vuestra casa. No se trata de algo sobre lo que discutir. Es simplemente una sensación. Siento como si no pudiera ir. ¡Mi querida Jemimah! Si enfermaras o te encontraras triste, si tuvieras necesidad de mÃ, entonces sà lo harÃa…
—Asà que lo harÃas, y serÃa como una obligación hacia cualquiera, si recibieras una petición semejante.