Ruth
Ruth —Ahora sólo queda castigar al culpable. No tengo un rasero para mà y para aquellos que quiero —y, señor Benson, a usted le querÃa— y otro para el resto del mundo. Si un extraño hubiera falsificado mi firma no dudarÃa en acudir a la justicia. Usted debe denunciar a Richard.
—No, no lo haré —respondió el señor Benson.
—Quizá piensa que haciéndolo, me causarÃa un gran dolor. Pero se equivoca. Para mÃ, ya no es mi hijo. Siempre he proclamado que repudiarÃa a cada uno de mis hijos que fuera culpable de un pecado. Yo repudio a Richard. Para mà es un extraño. Es todo cuanto puedo decir. Su castigo…
No pudo continuar, su voz se quebró.
—Probablemente, usted entiende la humillación que me consume por nuestro parentesco; es esto lo que me avergüenza; no es propio de un hombre que siempre se ha vanagloriado de la integridad de su apellido; pero ese muchacho, que ha disfrutado de la mejor educación, ¡ha de tener una inmoralidad innata! Señor, yo puedo cercenarlo, aunque haya sido mi adorada mano derecha. No puedo ser un obstáculo para la justicia, se lo ruego. Richard ha falsificado su firma, le ha estafado su dinero, todo su dinero, como ha dicho usted anteriormente.