Ruth
Ruth —Era todo mi dinero, no todo lo que tengo —respondió el señor Benson; tras lo cual, prosiguió sin prestar atención a la interrupción—… No denunciaré a Richard. ¡No porque sea su hijo, no lo interprete asÃ! Me niego a dar un paso semejante contra cualquier joven, sin antes cerciorarme de la coyuntura que rodea su vida, que en el caso de Richard bien conozco, y que me impide hacer algo que arruinarÃa su vida, que destruirÃa cada una de las cualidades que posee.
—¿Y qué cualidades le quedan? —preguntó el señor Bradshaw—. Me ha engañado a mÃ, ha ofendido a Dios.
—¿Acaso no le hemos ofendido todos nosotros? —dijo el señor Benson en voz baja.
—No intencionadamente. Yo no he errado jamás de un modo deliberado. Pero Richard… Richard.
El recuerdo de aquellas decepcionantes cartas y de la falsificación, llenó su corazón tan amargamente que durante uno o dos minutos, no pudo hablar. Sin embargo, cuando vio que el señor Benson se disponÃa a continuar, dijo:
—Esta conversación no nos llevará a ningún lugar, señor. Usted y yo no podremos estar nunca de acuerdo sobre este tema. Insisto una vez más, deseo que acuse a ese muchacho, que ya no es hijo mÃo.