Ruth
Ruth Ahora, por el contrario, aquella canosa cabeza no se alzaba; es cierto que parte de su discreción podía ser atribuida a la contrariedad que le suponía la evidente rectificación de aquella declaración hecha en el pasado (según la cuál jamás volvería a poner un pie en la iglesia de la que el señor Benson era ministro). Ya que ese sentimiento es natural en todos los hombres, especialmente en aquellos como el señor Bradshaw, el señor Benson lo respetó instintivamente, y así, salió de la iglesia con sus familiares sin ni siquiera dirigir una mirada al rincón oscuro en el que el señor Bradshaw aún permanecía inmóvil.
Desde aquel día, el señor Benson tuvo la seguridad de que entre ellos renacería su antigua amistad, si bien aún debería transcurrir el tiempo, antes de que cualquier acontecimiento diese señal del rebrote de sus relaciones.