Ruth
Ruth —Quizá lo vuelva a ver cuando sea anciana; no he pensado con exactitud en el significado de la palabra «jamás»; ha pasado tanto tiempo desde que ya no vivo allÃ, y en cualquier caso no veo ninguna posibilidad de ir en muchos años.
—¿Por qué Ruth?, podrÃa… podrÃamos acercarnos el próximo domingo, al atardecer, si le apetece.
Ella le miró y la alegrÃa que le dio semejante idea iluminó su rostro con una luz espléndida.
—¿Cómo, señor? ¿Me darÃa tiempo a llegar a pie entre la misa vespertina y la hora en que la señora Mason regresa a casa? IrÃa sólo aunque fuera para echar un simple vistazo, pero si pudiera entrar en la casa… ¡Oh, Dios mÃo! ¡Si pudiera ver sólo una vez más la habitación de mi madre!
El señor Bellingham estaba ya planificando el modo de procurarle este placer, abogando también por el suyo propio. Si viajaban en una de sus carrozas, el atractivo del paseo se perderÃa, y, además, les importunarÃan los criados exponiéndose a sus miradas.