Ruth
Ruth Se alzó e inclinándose formalmente, se despidió. Jemimah corrió a besar a Ruth. Leonard fue al piso superior para guardar aquella preciosa carta. La señorita Benson comenzó a llorar ardientes lágrimas, en un rincón de la cámara. Ruth se acercó a ella y le rodeó el cuello con los brazos, mientras decía:
—No he sido capaz de decirlo. No he osado hablar por miedo de romper a llorar, pero mis méritos se los debo a usted y al señor Benson. ¡Oh! Me hubiera gustado decir que la idea de asistir en el hospital me vino a la mente mientras observaba todo lo que el señor Benson hacía en silencio desde que la fiebre se instaló entre nosotros. No he conseguido hablar; puede parecer que estaba apropiándome de todos esos elogios, cuando en realidad sólo pensaba en lo poco que me los merecía y en que todo lo que hice fue gracias a ustedes.
—¡Dios mío, Ruth! —exclamó la señorita Benson, hablando entre lágrimas.
—¡Oh! No creo que haya más humillación que los elogios inmerecidos. ¡Mientras leía la carta, no podía evitar pensar en los errores que he cometido! ¿Lo sabrá… conocerá mi pasado? —preguntó bajando la voz.