Ruth
Ruth Pero cuando se percató de que el corazón de la tía Faith se rompía, obedeció sumisamente, limitándose a poner muecas de desagrado al descubrir que debía consentir en permanecer acostada en el sofá y ser alimentada como una enferma (cuando en realidad se encontraba plena de salud y con una magnífica sensación de languidez que se afincaba de tanto en tanto en su mente, suficiente para considerar tentadora la idea de la brisa salada y de la belleza del mar que le esperaba en Abermouth).
El señor Davis pasó a visitarles aquella tarde. También él quería hablar con Ruth. El señor y la señorita Benson estaban sentados con ella en el saloncito, contemplándola con amor complaciente mientras cosía, hablando esperanzada del proyecto de Abermouth.
—¡Bien! Así que hoy has recibido la visita de nuestro honorable pastor. Yo estoy aquí por una cuestión similar. Le ahorraré la lectura de mi carta, cosa que él no ha hecho. Le ruego que preste mucha atención —dijo mientras sostenía una carta sellada en la mano—, al hecho de que le estoy entregando una carta de agradecimiento de parte de mis colegas médicos; ábrala y léala con tranquilidad; pero no lo haga ahora, antes me gustaría hablar con usted de un tema personal. Quiero pedirle un favor, señora Denbigh.
—¡Un favor! —exclamó Ruth— ¿Qué puedo hacer por usted? Haré todo lo posible por ayudarle, aún sin saber de qué se trata.