Ruth
Ruth —Entonces es usted una mujer muy imprudente —respondió—, pero de cualquier modo, le tomo la palabra. Quiero que me dé a su hijo.
—¡Leonard!
—¡Ah! ¿Se da cuenta, señor Benson? Hace tan sólo un minuto me ofrecÃa toda su disponibilidad, y al minuto siguiente me mira como si fuera un monstruo.
—Quizá no hemos entendido sus pretensiones —contestó el señor Benson.
—Se trata de esto. Ustedes saben que no tengo hijos. No puedo decir que me haya lamentado mucho, pero mi mujer sÃ. No sé si es porque me ha contagiado o porque temo que mis estudios acabarán en manos de un extraño, cuando hubiera podido tener un hijo que me sucediese; pero me he dedicado a observar con ojos ávidos a todos los muchachos sanos, y finalmente me he decantado por Leonard, señora Denbigh.
Ruth no conseguÃa hablar, porque aún no entendÃa su planteamiento. El señor Davis continuó:
—Ahora, ¿cuántos años tiene el muchacho?
La pregunta iba dirigida a Ruth, pero fue la señorita Benson quien respondió:
—Cumplirá doce el próximo febrero.
—¡Cáspitas! ¿Sólo doce? Parece mayor y muy alto para su edad. Usted es muy joven, cierto.