Ruth
Ruth —¡No! Sé que no lo tenemos. Pero es una costumbre que tenemos nosotros los médicos. Y además, es ridÃculo que usted piense una cosa asÃ. ¡Sea razonable!
—¡No puedo! ¡No puedo! —gritó ella, con un agudo sufrimiento en la voz—. ¡Debe permitir que vaya, querido señor Davis! —dijo en tono ligeramente suplicante.
—¡No! —respondió, moviendo la cabeza en modo autoritario—. ¡No haré nada de eso!
—Escuche —dijo Ruth bajando la voz—. Es el padre de Leonard. Y ahora, ¿dejará que vaya?
El señor Davis se quedó totalmente estupefacto, y durante unos segundos permaneció en silencio. Asà que Ruth continuó:
—¡No puede decÃrselo a nadie! ¡No puede hacerlo! Nadie sabe quién es, ni siquiera el señor Benson. Y ahora… le harÃa mucho daño saberlo. ¡Usted no se lo dirá!