Ruth
Ruth —¡No! No se lo diré —respondió—. Pero señora Denbigh, tiene que responderme a una pregunta que le hago con mi más sincero respeto, pero que estoy obligado a hacerla para seguir una justa dirección, tanto por mà como por usted. Obviamente, sabÃa que Leonard era ilegÃtimo, y le cambiaré secreto por secreto: el hecho de que lo sea, me ha hecho simpatizar con él y he sentido deseos de adoptarlo. ConocÃa esa parte de su historia, pero dÃgame, ¿usted ama aún a ese hombre? Respóndame con sinceridad: ¿todavÃa le ama?
Ruth quedó en silencio por unos instantes, con la cabeza agachada. Finalmente alzó la mirada y la dirigió al rostro del señor Davis, con ojos sinceros y honestos.
—Lo estoy pensando… Pero no lo sé… No puedo decirlo… No creo que lo amase si estuviera sano y feliz, pero usted me ha dicho que está enfermo y solo, ¿cómo puedo no interesarme por él?, ¿cómo puedo no interesarme? —repitió, cubriéndose la cara con las manos, mientras lloraba lágrimas ardientes que resbalaban veloces entre sus dedos—. Es el padre de Leonard —continuó, mirando de repente al señor Davis—, y no sabrá, no debe saber, que he estado junto a él. Si se encuentra en las mismas condiciones que los otros, estará delirando y yo me iré antes de que vuelva en sÃ. Pero ahora, déjeme ir: debo ir.