Ruth
Ruth La vida de una mujer es un espíritu que flota sin apariencia o forma definida que un hombre pueda reconocer; es algo que existe y se manifiesta antes que nosotros lo reconozcamos o comprendamos su existencia. Ruth era inocente y pura como la nieve. Había oído hablar del enamoramiento, pero no conocía las señales o los síntomas; ni, a decir verdad, se había atormentado sobre este argumento. La tristeza había llenado sus días hasta llegar a excluir cualquier pensamiento que fuera más ligero que la preocupación por los deberes cotidianos y el recuerdo de los tiempos felices, por desgracia ya desaparecidos. Pero el intervalo de vacío que siguió a la pérdida de su madre —durante los años en que el padre estaba como muerto—, le había vuelto más proclive a apreciar la compasión y a aferrarse a ella —justamente lo que le sucedió con Jenny primero y después con el señor Bellingham—. Ver de nuevo su casa y verla junto a él; mostrarle —convencida de su interés— los refugios de su infancia, cada uno de ellos con su pequeña historia ligada a acontecimientos pasados, o mejor dicho, muertos y enterrados. Ninguna sombra consiguió oscurecer el feliz sueño de aquella semana… un sueño demasiado hermoso para contarlo en público, a vulgares e indiferentes oídos.