Ruth
Ruth —No, yo dirÃa que no. Pero usted no pretenderá guiarse por las opiniones de la señora Mason sobre lo que es acertado o inadecuado. Ha creÃdo justo tratar a aquella pobre muchacha, Palmer, del modo que me ha contado. Usted, en cambio, un trato semejante lo considerarÃa equivocado, lo sabe, y lo mismo harÃa cualquier otra persona dotada de razón y sentimientos. Vamos, Ruth, no haga depender su destino de los demás, proceda con su propia cabeza. El placer es del todo inocente, además, éste no es ni siquiera un placer egoÃsta por su parte, ya que yo gozaré tanto como usted.
HabÃa bajado la voz y hablaba con tono sumiso y persuasivo. Ruth inclinó la cabeza y se sonrojó; estaba extrañamente feliz, pero no era capaz de hablar, ni siquiera para expresar nuevamente sus dudas. Y asÃ, de tal modo, se zanjó la cuestión.
¡Cuán deliciosamente satisfecha la dejó este proyecto durante toda la semana! Ruth era muy joven cuando murió su madre, de modo que no habÃa recibido recomendación ni consejo alguno en cuanto a cosas de mujeres —si es que verdaderamente los padres juiciosos hablan de aquello que, por profundo e importante, no debe ser expresado con palabras.