Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Era paciente, a pesar de su gran pena. Soportaba la tragedia con la misma entereza silenciosa que en tiempos de mayor aflicción. Pero la ceguera le impedía hacer tantas cosas que se encerraba en sí mismo y debió de pensar mucho en todo lo que era doloroso y preocupante respecto a su único hijo varón. No es extraño que se desanimara y se deprimiera. Sus hijas habían recogido antes del otoño toda la información posible sobre las probabilidades de éxito de las operaciones de cataratas en una persona de la edad de su padre. Emily y Charlotte habían viajado a Manchester a finales de julio con el propósito de buscar un buen cirujano; y allí les hablaron del señor Wilson, un oculista famoso. Fueron a consultarle. Sin embargo, por la descripción que le hicieron, él no podía determinar si era aconsejable practicar la operación o no. Tenía que ver al paciente. Charlotte acompañó a su padre a la consulta del doctor Wilson a finales de agosto. El cirujano decidió practicar la operación sin demora y les recomendó una pensión confortable que regentaba una antigua sirvienta suya. Quedaba en un barrio de las afueras de la ciudad, en una calle como tantas otras, de casitas de aspecto uniforme. La siguiente carta de Charlotte está fechada allí el 21 de agosto de 1846: