Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Me parece que ya he mencionado que algunas amigas de Charlotte creen que un suceso que le contaron cuando estaba en el colegio de la señorita Wooler fue el germen de la historia de Jane Eyre. Pero son sólo conjeturas; no podemos verificarlo. Las personas a quienes explicó el tema de sus escritos han muerto y no pueden hablar; y el lector probablemente haya advertido que en la correspondencia de la que he tomado fragmentos no se hace alusión alguna a la publicación de sus poemas ni la menor alusión al propósito de sus hermanas de publicar ningún relato. Recuerdo, no obstante, muchos detalles que me explicó la señorita Brontë en respuesta a mis preguntas sobre su forma de escribir y demás. Me dijo que no podía escribir todos los días. Que a veces transcurrían semanas e incluso meses sin que se le ocurriera nada que añadir a lo que ya había escrito de la historia. Luego, se despertaba una mañana y veía con absoluta nitidez el desarrollo de la historia. Cuando pasaba eso, su única preocupación era cumplir con sus deberes domésticos y filiales lo antes posible para tener luego tiempo de sentarse a escribir los nuevos incidentes e ideas que, en realidad, estaban más presentes en su mente en tales momentos que su verdadera vida. Pero no obstante esa «posesión», por así decirlo, los compañeros de la casa que sobreviven afirman que nunca ni por un instante dejó de cumplir con sus deberes ni se negó a prestar ayuda cuando se la pedían. Habían tenido que contratar a una muchacha para que ayudara a Tabby (que ya tenía casi ochenta años). Tabby se resistía con celosa renuencia a delegar cualquiera de sus tareas y se impacientaba cuando le recordaban (siempre con delicadeza) que estaba perdiendo agudeza sensitiva por la edad. La otra criada no podía inmiscuirse en lo que ella consideraba trabajo exclusivamente suyo. Entre otras labores, se había reservado el derecho de pelar las patatas de la comida; pero como estaba perdiendo vista, a veces dejaba las manchas negras que nosotros en el Norte llamamos «ojos» de la patata. La señorita Brontë era una ama de casa demasiado escrupulosa para pasarlo por alto; pero se resistía a pedir a la otra muchacha que repasara las patatas, porque no quería ofender a Tabby demostrándole que su trabajo ya no era tan eficaz como antes. Así que entraba a hurtadillas en la cocina y se llevaba en silencio el cuenco de las hortalizas sin que la viera Tabby, e, interrumpiendo el flujo de interés e inspiración de su escritura, cortaba cuidadosamente los ojos de las patatas y luego las llevaba sin hacer ruido a su sitio. Esta simple maniobra demuestra lo metódica y concienzuda que era en el cumplimiento de sus deberes, incluso cuando la dominaba el impulso creador.