Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Las hermanas Brontë conservaban la vieja costumbre que habían iniciado en vida de su tía: dejaban a un lado la labor a las nueve en punto y se dedicaban entonces a su estudio, paseando a uno y otro lado de la sala de estar. Hablaban de las historias que tenían entre manos y describían los argumentos. Una o dos veces por semana, cada una leía a las otras lo que había escrito y escuchaba los comentarios que le hacían. Charlotte me contó que las observaciones que le hicieron casi nunca la indujeron a cambiar lo escrito, tal era su convencimiento de que había descrito la realidad; pero las lecturas tenían un interés enorme y estimulante para las tres, porque las sacaban de la persistente presión de las monótonas y lacerantes preocupaciones cotidianas y las transportaban a un lugar libre. En una de aquellas veladas, Charlotte decidió desafiar el canon establecido y hacer a su heroína feúcha, menuda y poco atractiva.
La autora de la hermosa nota necrológica sobre «la muerte de Currer Bell»77 seguramente supo por ella lo que explica en la misma sobre Jane Eyre, por lo que me tomaré la libertad de citarlo: