Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte ¡Irme de casa! Tal vez no encontrara alojamiento ni empleo, además de que ya no estoy precisamente en la flor de la vida, ni mucho menos, y mis facultades se habrán oxidado y habré olvidado en buena medida mis escasos conocimientos. Esas ideas me torturan a veces; pero cuando consulto con mi conciencia, me dice que hago bien quedándome en casa, y sus recriminaciones son amargas cuando cedo al vivo deseo de liberación. No esperarÃa triunfar si desoyera esas advertencias. Me gustarÃa recibir noticias tuyas pronto. Plantea el asunto a — y oblÃgale a decirte de forma clara y concreta, sin vaguedades, cuántas alumnas podrÃa conseguir realmente. La gente a veces cree que puede hacer grandes cosas en ese terreno hasta que lo intenta; y conseguir alumnas no es lo mismo que conseguir artÃculos de otro género.
Fuera cual fuere el carácter y amplitud de las negociaciones, el resultado final fue que Charlotte siguió la voz de su conciencia, que le ordenaba permanecer en casa mientras su presencia allà pudiera animar o consolar a los enfermos, o ejerciera la menor influencia en quien era la causa de su aflicción. El fragmento siguiente nos permite ver las preocupaciones de aquel hogar. Es de una carta fechada el 15 de diciembre: