Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Espero que no te hayas congelado; aquà hace un frÃo espantoso. No recuerdo dÃas tan polares como éstos. Inglaterra podrÃa haberse deslizado realmente en la zona ártica. El cielo parece hielo; la tierra está congelada; el viento es tan cortante como una cuchilla de doble filo. Tenemos todos catarro y mucha tos por culpa del frÃo. La pobre Anne lo ha pasado muy mal con el asma, aunque me alegra poder decir que ya está bastante mejor. La semana pasada hubo dos noches en que resultaba verdaderamente penoso oÃrla y verla toser y respirar con tanta dificultad; tuvo que ser muy angustioso para ella. Lo soportó sin una sola queja, como aguanta siempre la aflicción, suspirando sólo alguna que otra vez cuando estaba ya casi agotada. Posee una fortaleza heroica. La admiro pero desde luego no podrÃa imitarla. [...] Dices que tengo «mucho que contarte». ¿Qué quieres que te cuente? En Haworth no pasa nada; al menos, nada agradable. Hace más o menos una semana ocurrió un pequeño incidente que nos hirió en lo más vivo; pero si a ti no te causa más placer oÃrlo del que nos produjo a nosotros presenciarlo, no me agradecerás que lo mencione. Fue simplemente la llegada de un agente judicial a ver a B. para pedirle que pagara las deudas o lo acompañara a York. Tuvimos que pagar sus deudas, claro. No resulta agradable perder dinero una y otra vez de esa forma. ¿Pero qué sentido tiene hablar de esas cosas? A él no le hará ningún bien.