Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte La noche después de despedirnos lo pasé mejor de lo que esperaba. Gracias a mi sustancioso almuerzo y a una tonificante taza de café, pude esperar hasta las ocho, la hora de la cena, con absoluta resignación, y soportar luego la velada valerosamente sin sentirme demasiado agotada para conversar; de lo cual me alegré, pues sabía que en caso contrario mi amable anfitrión y mi amable anfitriona se habrían sentido muy decepcionados. Sólo asistieron a la cena siete caballeros, además del señor Smith, de los cuales cinco eran críticos, individuos más temidos en el mundo de las letras de lo que puedes imaginar. No supe hasta qué punto me habían excitado su presencia y su conversación hasta que se marcharon y empecé a sentir los efectos. Cuando me retiré a mi habitación deseaba dormir, pero todo fue en vano. No pude conciliar el sueño. Llegó la mañana y me levanté sin haber pegado ojo en toda la noche. Estaba tan agotada cuando llegué a Derby, que me vi obligada a pasar la noche allí otra vez.
17 de diciembre