Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Es lógico que dos personas que vivían juntas como el señor Brontë y su hija, que dependían casi exclusivamente de la mutua compañía y que se amaban tan profundamente (aunque no de forma efusiva), que esos dos últimos miembros de la familia pasaran momentos de gran ansiedad por la salud del otro. Charlotte menciona en todas las cartas que he leído el estado de su padre a este respecto. O da gracias a Dios fervorosamente porque él está bien, o comenta que lo acosan ciertos achaques propios de la vejez, dejándolo luego como una herida abierta. Él, por su parte, observaba cada indisposición de la única hija que le quedaba, exageraba su importancia y a veces se sumía en un lamentable estado de ansiedad, como en el caso al que se refiere ella cuando, habiendo citado su amiga en una carta a él que su hija tenía un catarro fuerte, él no descansó hasta que despachó a un mensajero, que recorrió, «con bastón», una distancia de veintidós kilómetros para que comprobara con sus propios ojos cómo se encontraba ella y volviera a informarle.
Charlotte sin duda creía que esa preocupación natural de su padre y de su amiga aumentaba la depresión nerviosa de su propio ánimo siempre que estaba enferma; y en la siguiente carta manifiesta su ferviente deseo de que se mencione lo menos posible el tema de su salud.
7 de agosto