Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Por cierto, querÃa pedirte que me hicieras un pequeño encargo cuando vayas a Leeds; pero no sé si tendrás demasiadas cosas que hacer. Es sólo esto: en caso de que entraras por casualidad en una tienda en que vendieran mantillas de encaje, negras y blancas, de las que ya te hablé, pregunta el precio. Supongo que no querrán enviarme unas a Haworth para verlas; claro que, si son muy caras, serÃa inútil; pero si el precio es razonable y aceptan enviármelas, me gustarÃa verlas; y también algunas camisetas de talla pequeña (la talla de mujer no me vale), tanto de las más sencillas para diario como de buena calidad para más vestir [...] Parece que no pueda quedar satisfecha cuando no me falta de nada. Ya te dije que me compré una de las mantillas negras de encaje, y que cuando me la probé con el vestido de raso negro, que era con el que querÃa ponérmela sobre todo, me di cuenta de que no quedaba bien; se pierde toda la belleza del encaje y parecÃa pardo y herrumbroso; escribà al señor — pidiéndole que me la cambiara por una blanca del mismo precio; fue amabilÃsimo y pidió una a Londres, que he recibido esta mañana. El precio es inferior, sólo cuesta una libra catorce chelines; es bonita, primorosa y ligera y queda muy bien con el negro; después de considerar el asunto, he llegado a la filosófica conclusión de que no es ninguna vergüenza para una persona de mis medios llevar una prenda más barata; asà que creo que me la quedaré y si alguna vez la ves y te parece «oropel», tanto peor.