Fuego y Sangre
Fuego y Sangre Las primeras batallas de la Danza fueron brutales. En el río Godosangre, los ejércitos de ambas facciones chocaron en una tormenta de acero y fuego. Caraxes, el dragón de Daemon, y Sunfyre, montado por Aegon II, se enfrentaron en un duelo aéreo que dejó el cielo teñido de llamas. Ambos dragones cayeron heridos, y aunque los Verdes reclamaron la victoria, fue a un alto costo.
La destrucción no se limitó a los campos de batalla. En la Ciudadela, los maestres enviaban cuervos día y noche, sus manos temblorosas mientras escribían las palabras de los horrores que presenciaban. Ciudades enteras fueron arrasadas. Los dragones, criaturas de leyenda y símbolo del poder Targaryen, comenzaron a caer uno a uno en la guerra más despiadada de Poniente.
—No son ellos quienes destruyen nuestro reino —dijo un consejero a Rhaenyra en una noche silenciosa—. Somos nosotros mismos.
Los golpes finales de la Danza trajeron devastación a ambos lados. En un giro irónico, Aegon II fue envenenado por sus propios aliados, mientras que Rhaenyra, traicionada, fue devorada por Sunfyre en la Fortaleza Roja. El Trono de Hierro quedó manchado con la sangre de ambos reclamantes, y el reino quedó fragmentado, un cascarón de lo que alguna vez fue.