Fuego y Sangre
Fuego y Sangre Así, los Targaryen abandonaron la gloria de Valyria con todo lo que podían llevar: dragones, riquezas, esclavos y secretos que otros señores dragón ni siquiera sospechaban. Su destino fue Rocadragón, una fortaleza lúgubre tallada en piedra negra, donde el rugir del mar parecía un eco constante de la Maldición que se acercaba.
Cuando la Maldición finalmente llegó, fue como si el mundo mismo se partiera en dos. Los cielos de Valyria se tiñeron de rojo, las montañas explotaron, y los orgullosos señores dragón quedaron reducidos a cenizas. Solo los Targaryen sobrevivieron, aislados en su nuevo hogar. Pero la supervivencia tenía un precio: el exilio, el desprecio de otras casas valyrias y un linaje que se mantenía puro solo gracias a matrimonios entre hermanos.
Años después, Aegon Targaryen, nacido en Rocadragón, contemplaba el mar con una mirada llena de fuego. A su lado, sus hermanas y esposas, Visenya y Rhaenys, discutían las posibilidades de lo que estaba por venir.
—Poniente está dividido, vulnerable —dijo Visenya, su tono tan afilado como la espada que siempre llevaba al cinto—. Siete reinos enfrentados entre sí. Si no lo tomamos, alguien más lo hará.
