Fuego y Sangre
Fuego y Sangre —Pero no basta con tomarlo —replicó Rhaenys, su voz suave, pero con una determinación oculta—. Tiene que ser nuestro para siempre. Si fallamos, la historia solo recordará el humo de los dragones, no su legado.
Aegon permaneció en silencio, sus ojos clavados en la Mesa Pintada, el mapa de Poniente que él mismo habÃa mandado tallar años atrás. Cada colina, cada rÃo, cada castillo, marcado con una precisión casi obsesiva. Los reinos beligerantes de Poniente estaban frente a él como piezas de un rompecabezas que esperaba ser resuelto.
—Un reino, un trono —dijo finalmente, su voz tan profunda como el rugido de un dragón—. No habrá siete reyes, solo uno.
La decisión estaba tomada. El futuro se forjarÃa con fuego y sangre.
Desde aquel momento, los cuervos volaron desde Rocadragón hacia los rincones más oscuros de Poniente, llevando un mensaje que resonarÃa como un trueno: "Doblad la rodilla o arderéis."
