El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia Debo a todos estos acreedores la suma de diecinueve monedas de plata y ciento cuarenta y una de cobre. Como debÃa estas sumas y no veÃa manera alguna de pagarlas, en mi locura, permità que mi mujer volviera a la casa de su padre y abandoné mi ciudad natal buscando en otro lugar un bienestar fácil, para sólo encontrar el desastre y ser vendido vergonzosamente como esclavo.
Ahora que Maton me ha enseñado cómo puedo ir devolviendo mis deudas en pequeñas cantidades que tomaré de lo que gane, comprendo hasta qué punto estaba loco cuando escapé de las consecuencias de mi extravagancia.
He visitado a mis acreedores y les he explicado que no tenÃa recursos para pagarles salvo mi capacidad de trabajar, y que tenÃa la intención de dedicar dos décimas partes de lo que ganara para liquidar mis deudas de modo justo y honorable. Que no podÃa pagar más que eso y que si eran pacientes, llegarÃa un dÃa en que habrÃa cumplido enteramente las obligaciones contraÃdas.
Ahmar, a quien creÃa mi mejor amigo, me insultó duramente y me fui de su casa humillado; Birejik el agricultor pidió ser el primero en cobrar, pues tenÃa gran necesidad de ayuda. Alkahad, el propietario de la casa, me advirtió de que si no arreglaba mi cuenta bien pronto, me causarÃa problemas.