El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »—Tu amo está en problemas. Tengo miedo por él. Hace unos meses perdió mucho dinero en el juego, ya no paga al granjero la harina y la miel, ya no paga al prestamista. Y ahora están enfadados y lo amenazan.
»—¿Por qué debemos preocuparnos por sus locuras? —dije sin pensar—. No somos sus guardianes.
»—Loco, no comprendes nada. Ha dado tu tÃtulo al prestamista como aval. Según la ley, puede reclamarte y venderte. No sé qué hacer, es un buen amo. ¿Por qué se ha de abatir sobre él una desgracia asÃ?
»Los temores de Swasti eran fundamentados, mientras hacia los pasteles el dÃa siguiente por la mañana, llegó el prestamista con un hombre que se llamaba Sasi. Ese hombre me miró y dijo que le parecÃa buen trato.
»El prestamista no esperó a que llegara mi amo y le dijo a Swasti que le informara de que me habÃan llevado. Con solo la ropa que tenÃa encima y mi bolsa fuertemente atada a mi cinturón, me obligaron a alejarme de los pasteles sin acabar.
»Me habÃan alejado de mis deseos más profundos como el huracán arranca el árbol del bosque y lo arroja en el tempestuoso mar. Una casa de juego y la cerveza de cebada me volvÃan a causar desgracias. Sasi era brusco, tosco. Mientras me conducÃa a través de la ciudad, le iba contando el buen trabajo que habÃa hecho para Nana-naid y le decÃa que esperaba hacer lo mismo por él. Su respuesta no me dio ningún ánimo.