El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Habiendo dicho esto, cogió sus tablillas y se fue.
»Pensé mucho en lo que me habÃa dicho y me pareció razonable. Asà que decidà que lo intentarÃa. Cada vez que me pagaban, tomaba una moneda de cobre de cada diez y la guardaba. Y por extraño que parezca, no me faltaba más dinero que antes. Tras habituarme, casi ni me daba cuenta, pero a menudo estaba tentado de gastar mi tesoro, que empezaba a crecer, para comprar algunas de las buenas cosas que mostraban los mercaderes, cosas traÃdas por los camellos y los barcos del paÃs de los fenicios. Pero me retenÃa prudentemente.
»Doce meses después de la visita de Algamish, este volvió y me dijo:
»—Hijo mÃo, ¿te has pagado con la décima parte de lo que has ganado este año?
»Yo respondà orgulloso:
»—SÃ, maestro.
»—Bien —respondió contento—, ¿qué has hecho con ella?
»—Se la he dado a Azmur el fabricante de ladrillos. Me ha dicho que viajarÃa por mares lejanos y que comprarÃa joyas raras a los fenicios en Tiro, para luego venderlas aquà a elevados precios, y que compartirÃamos las ganancias.