El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Cuando yo me impongo un trabajo, por pequeño que sea, lo acabo. De otro modo, ¿cómo podría confiar en mí mismo para realizar trabajos importantes? Si me propongo que durante cien días, cada vez que pase por el puente que lleva a la ciudad cogeré una piedra y la tiraré al río, lo haré. Si el séptimo día pasó sin acordarme, no me digo que pasaré el día siguiente, tiraré dos piedras, y será igual. En vez de eso daré la vuelta y tiraré la piedra al río. El vigésimo día no me diré que todo esto es inútil, ni me preguntaré de qué sirve tirar piedras al río cada día: “podrías tirar un puñado de piedras y habrías acabado todo”. No, no diré eso ni lo haré, cuando me impongo un trabajo lo hago, de modo que procuro no comenzar trabajos difíciles o imposibles porque me gusta tener tiempo libre.
Entonces, otro de los amigos elevó la voz.
—Si lo que dices es cierto, y si, como tú has dicho, es razonable, entonces todos los hombres podrían hacerlo, y si todos lo hicieran, no habría suficiente riqueza para todo el mundo.