El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Me temo mucho que ha ido a parar a manos de algunos pocos hombres muy ricos de nuestra ciudad —respondió el canciller—. Ha pasado por entre los dedos de la mayorÃa de nuestras gentes tan rápido como la leche de cabra pasa por el colador. Ahora que la fuente de oro ha dejado de surtir, los más de nuestros ciudadanos vuelven a no poseer nada.
—¿Por qué tan pocos hombres pudieron conseguir todo el oro? —preguntó el rey después de estar pensativo durante unos instantes.
—Porque saben cómo hacerlo —respondió el canciller—. No se puede condenar a un hombre porque logra el éxito; tampoco se puede, en buena justicia, cogerle el dinero que ha ganado honradamente para dárselo a los que no han sido capaces de hacer otro tanto.
—¿Pero por qué no pueden todos los hombres aprender a hacer fortuna y asà hacerse ricos?
—Vuestra pregunta contiene su propia respuesta, Vuestra Majestad, ¿quién posee la mayor fortuna de la ciudad Babilonia?
—Es cierto, mi buen canciller, es Arkad. Es el hombre más rico de Babilonia, tráemelo mañana.
El dÃa siguiente, como habÃa ordenado el rey, se presentó ante él Arkad, bien derecho y con la mente despierta a pesar de su edad avanzada.
—¿PoseÃas algo cuando empezaste?