El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »No confundáis vuestros gastos obligatorios con vuestros deseos. Todos vosotros y vuestras familias tenéis más deseos de los que podéis satisfacer. Usáis vuestro dinero para satisfacer, dentro de unos lÃmites, estos deseos, pero todavÃa os quedan muchos sin cumplir.
»Todos los hombres se debaten contra más deseos de los que puede realizar. ¿Acaso creéis que, gracias a mi riqueza, yo los puedo satisfacer todos? Es una idea falsa. Mi tiempo es limitado, mis fuerzas son limitadas, las distancias que puedo recorrer son limitadas, lo que puedo comer, los placeres que puedo sentir son limitados.
»Os digo esto para que comprendáis que los deseos germinan libremente en el espÃritu del hombre cada vez que hay una posibilidad de satisfacerlos de la misma manera que las malas hierbas crecen en el campo cuando el labrador les deja un espacio. Los deseos son muchos pero los que pueden ser satisfechos, pocos.
»Estudiad atentamente vuestros hábitos de vida. Descubriréis que la mayorÃa de las necesidades que consideráis como básicas pueden ser reducidas o eliminadas. Que sea vuestra divisa el apreciar al cien por cien el valor de cada moneda que gastéis.