El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »¿Acaso la diosa os dijo al oÃdo que apostarais a los grises porque en la última curva el caballo negro del interior tropezarÃa y, de ese modo, molestarÃa a nuestras yeguas y provocarÃa que los grises ganaran la carrera y consiguieran una victoria que no habÃan merecido?
Arkad sonrió con indulgencia.
—¿Por qué pensamos que la diosa de la fortuna se interesarÃa por la apuesta de cualquiera en una carrera de caballos? Yo la veo como una diosa de amor y de dignidad a la que le gusta ayudar a los necesitados y recompensar a los que lo merecen. No la busco en las salas de juego ni en las carreras donde se pierde más oro del que se gana, sino en otros lugares donde las acciones de los hombres son más valerosas y merecen recibir una recompensa.
»Al cultivador, al honrado comerciante, a los hombres de cualquier ocupación se les presentan ocasiones para sacar provecho tras el esfuerzo y las transacciones realizadas. Quizás el hombre no siempre reciba una recompensa, porque su juicio no sea el más adecuado o porque el tiempo y el viento a veces hacen fracasar los esfuerzos. Pero si es persistente, normalmente puede esperar realizar un beneficio, pues tendrá mayores posibilidades de que el beneficio vaya hacia él.