El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Parece que nosotros no buscamos la suerte en estos lugares cuando la diosa los frecuenta —continuó—. Entonces exploremos otros lugares. Tampoco hemos encontrado sacos de monedas perdidos ni hemos visto la diosa en las salas de juego. En cuanto a las carreras, debo confesaros que he perdido mucho más dinero del que he ganado.
»Ahora, analicemos detalladamente nuestras profesiones y nuestros negocios. ¿Acaso no es normal que cuando hacemos un buen negocio, no lo consideramos como algo fortuito, sino como la justa recompensa a nuestros esfuerzos? A veces pienso que ignoramos los presentes de la diosa. Quizá nos ayuda cuando no apreciamos su generosidad. ¿Quién puede hablar del tema?
Dicho esto, un comerciante entrado en años se levantó alisando sus blancas vestimentas.
—Con vuestro permiso, honorable Arkad y mis queridos amigos, quiero haceros una sugerencia. SÃ, como habéis dicho, nosotros atribuimos nuestros éxitos profesionales a nuestra habilidad, a nuestra propia aplicación, ¿por qué no considerar los éxitos que casi hemos tenido, pero que se nos han escapado, como eventos que habrÃan sido muy provechosos? HabrÃan sido raros ejemplos de fortuna si se hubieran realizado. No podemos considerarlos como recompensas justas, porque no se han cumplido. Probablemente aquà hay hombres que pueden contar este tipo de experiencias.