El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Gracias. Me gustarÃa volver a hablar —el sirio estaba otra vez de pie—. Estas historias se parecen. Todas las veces la suerte se va por la misma razón. Todas las veces, trae al contemporizador un plan bueno. En todas las ocasiones, dudan y no dicen: Es una buena ocasión, hay que reaccionar con rapidez. ¿Cómo pueden tener éxito de este modo?
—Tus palabras son sabias, amigo —respondió el comprador—. La suerte se ha alejado del contemporizador en las dos ocasiones. Pero eso no es nada extraordinario. Todos los hombres tienen la manÃa de dejar las cosas para más tarde. Deseamos riquezas, pero, ¿cuántas veces, cuando se presenta la ocasión, esa manÃa de contemporizar nos incita a retrasar nuestra decisión?
»Al ceder a esa manÃa, nos convertimos en nuestro peor enemigo.
»Cuando era más joven, no conocÃa esa palabra que tanto le gusta a nuestro amigo de Siria. Al principio, pensaba que se perdÃan negocios ventajosos por falta de juicio. Más tarde, creà que era una cuestión de cabezonerÃa. Finalmente, he reconocido de qué se trata: una costumbre de retrasar inútilmente la rápida decisión, una acción necesaria y decisiva. Realmente detesté esta costumbre cuando descubrà su verdadero carácter. Con la amargura de un asno salvaje atado a un carro, he cortado las ataduras de esta costumbre y he trabajado para tener éxito.