El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Gracias. Me gustarÃa hacer una pregunta al comerciante —erijo el sirio—. Su vestimenta no es la de un pobre. Habla como un hombre que tiene éxito. Decidnos, ¿sucumbÃs ante la manÃa de contemporizar?
—Al igual que nuestro amigo comprador, yo también he reconocido y conquistado la costumbre de contemporizar —respondió el comerciante—. Para mÃ, ha resultado un enemigo temible, al acecho y que esperaba el momento propicio para contrariar mis realizaciones. La historia que he narrado es tan sólo uno de los abundantes ejemplos que podrÃa contar para mostraros cómo he desaprovechado buenas ocasiones. El enemigo se puede controlar fácilmente una vez se le reconoce. Ningún hombre permite de forma voluntaria que un ladrón le robe sus reservas de grano. Como tampoco ningún hombre permite de buen grado que un enemigo le robe la clientela para su propio beneficio. Cuando un dÃa comprendà que la contemporización era mi peor enemigo, la vencà con determinación. De este modo, todos los hombres deben dominar su tendencia a contemporizar antes de poder pensar en compartir los ricos tesoros de Babilonia.
»¿Qué opina usted, Arkad? Usted es el hombre más rico de Babilonia y muchos sostienen que también es el más afortunado. ¿Está de acuerdo conmigo en que ningún hombre puede conseguir un éxito completo mientras no haya liquidado por completo su manÃa de contemporizar?