Metafísica para la vida diaria
Metafísica para la vida diaria Estaba en una ocasión una mujer sentada en un apartado rincón admirando la belleza de la Madre Naturaleza, mientras acariciaba y estrechaba entre sus brazos a un bebé. El ambiente y todo lo que le rodeaba eran muy propicios para la meditación con Dios.
Al sentir ella el deseo de hablarle a Dios, a esa presencia dentro de ella, le preguntó: «Padre mío, ¿habrá algo más puro y sublime en el mundo que el amor que siento yo por mi hijo?» —Hija mía—, sintió dentro de ella esta Presencia contestarle: «amor más grande y puro que el que Yo les tengo a todos ustedes, mis hijos, no existe ni podrá existir jamás». Te doté con ese amor de madre, para que puedas tener una idea cabal de cuan grande es el amor que Yo siento por todos mis hijos; para que puedas servirme de canal a través del cual Yo pueda expresar ese amor.
«Los que llamas tus hijos, no son tus hijos». Vinieron por medio de ti, pero no de ti. Como el mundo que Yo creé todo lo que es similar se atrae, sus almas te escogieron a ti para que les sirvas de guardián y guía y Yo di mi conformidad.