Metafísica para la vida diaria
Metafísica para la vida diaria «Pero recuerda, que, aunque estén contigo, no son tuyos. Podrás poner en ellos todo tu amor, pero no así tus pensamientos. Yo los doté a ellos de su propia mente y ellos tienen sus propios pensamientos. Podrás darle albergue y alimentos en el santuario de tu hogar a sus cuerpos, pero no a sus almas, porque éstas habitan en el santuario de Mi Presencia, la cual nadie puede ver, aunque sí sentir».
«Recuerda las palabras de tu hermano mayor Jesús, cuando dijo: “Dejad a los niños venir a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Tú puedes ayudar a que ellos alcancen ese reino, no tanto con tus palabras, como con tus ejemplos dentro y fuera del santuario de tu hogar. Podrás quererlos como a nada en el mundo, pero no puedes forzarlos a que te quieran. Ese amor recíproco germinará en ellos espontáneamente, si es que tú lo sabes cultivar bien. Tú, como madre amorosa, eres el bendecido árbol, que lo da todo a la fruta, para que ésta sea más jugosa y dulce, para el deleite de otros, que es mi deleite; para que sus semillas perpetúen la eternidad de la vida».
Al terminar de hablarle esta presencia en ella, se levantó la mujer y estrechando más fuerte que nunca al niño entre sus brazos, siguió su camino, sintiéndose mejor madre que antes.
Luis Molinary