El Profeta
El Profeta Y, ¿qué desierto más grande habrÃa que él que se halla dentro de la valentÃa y la confianza… mejor decir la caridad, de recibir?
Y, ¿quién eres tú pedirle que la gente se desgarre el pecho y revele su orgullo, para que veas su valor desnudo y su orgullo sin disimulo?
Ve primero que tú mismo mereces ser dador y un instrumento de dar.
De verdad es la vida que le da a la vida — mientras tú, quien te crees dador, sólo eres testigo.
Y Uds. que reciben — y todos son recibidores — no tomen ningún peso de gratitud, para que no se pongan yugo a Uds. y a él que da.
Sino suban juntos con el dador en sus regalos como en alas;
Porque estar demasiado consciente de tu deuda es dudar la generosidad de él que tiene la tierra de corazón libre como madre y a Dios como padre.