El Profeta
El Profeta Y aquél que agarra el arco iris para ponerlo en el paño en el parecido del hombre, es más que aquél que fabrica las sandalias para nuestros pies».
Pero digo yo, no dormido sino en el sobre-despertar del mediodÃa, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la brizna más pequeña de la hierba;
Y sólo es grande el que transforma la voz del viento en una canción hecha más dulce por su propio amor.
El trabajo es el amor hecho visible.
Y si no puedes trabajar con amor sino sólo con repugnancia, es mejor que te vayas de tu trabajo y te sientes en la puerta del templo y consigas limosna de aquellos que trabajan con alegrÃa.
Porque si cueces pan con indiferencia, cueces un pan amargo que satisface sólo la mitad del hambre.
Y si lamentas aplastar las uvas, tu lamento destila un veneno en el vino.
Y aunque cantes como los ángeles, pero no amas el cantar, amortiguas el oÃdo de la gente contra las voces del dÃa y las voces de la noche.