El Profeta
El Profeta Entonces una mujer dijo, «Háblenos de la AlegrÃa y la Pena». Y él contestó: Vuestra alegrÃa es vuestra tristeza sin máscara. Y el mismo manantial de donde mana vuestra risa ha estado frecuentemente lleno con vuestras lagrimas. ¿Y podrÃa ser de otra manera? Cuanto más profundo penetre la tristeza en vuestro ser,más alegrÃa podrá contener. ¿No es la copa repleta de vuestro vino la misma que fue cocida en el horno del alfarero? ¿Y no es el laúd que deleita vuestro espÃritu la misma madera que fue ahuecada con aceros? Cuando os encontráis alegres mirad en lo más profundo de vuestro corazón y notaréis que lo mismo que os produjo tristeza es lo que ahora causa vuestra alegrÃa. Cuando os sintáis abatidos volved a mirar vuestro corazón, y notaréis que estáis llorando por aquello mismo que anteriormente fue vuestra alegrÃa. Sin embargo, yo os digo que ambas son inseparables. Llegan juntas, y cuando solamente una se sienta con vosotros a la mesa, recordad que la otra se agazapa en vuestra cama. En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza, entre vuestra alegrÃa y vuestra pena. Sólo cuando vacÃos estáis quietos y equilibrados. Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata, es necesario que vuestra alegrÃa o vuestra pena suban o bajen de la balanza.
