El Profeta
El Profeta Y díganme, gente de Orfalese, ¿qué tienen en estas casas? ¿Y qué es que vigilan con puertas sujetadas?
¿Tienen la paz, el impulso discreto que revela el poder de Uds.?
¿Tienen recuerdos, los arcos de luz trémula que cruzan los cumbres de la mente?
¿Tienen la belleza, que se extiende de las corazones de las cosas de madera y piedra hasta la montaña sagrada?
Díganme, ¿tienen éstes en sus casas?
O, ¿tienen sólo comodidad y la lujuria para ella, esa cosa sigilosa que entra la casa como invitado, se vuelve en anfitrión, y entonces en maestro?
Sí, y se vuelve en domador, y con el anzuelo y azote hace muñecas de los deseos más grandes de Uds.
Aunque sus manos son de seda, su corazón es de hierro.
Los calma hasta que duermen para ponerse al lado de la cama y burlarse de la dignidad de la carne.
Se mofa de sus sentidos sólidos, y los pone en plumón como vasijas frágiles.
En verdad la lujuria para la comodidad asesina la pasión del alma, y entonces anda sonriendo en el funeral.
Pero Uds., hijos del espacio, Uds. los inquietos en el descanso, Uds. no serán atrapado ni domado.