El Profeta
El Profeta Vuestros pensamientos y mis palabras son ondas de una memoria sellada que guarda el registro de nuestros ayeres.
Y de los antiguos dÃas, cuando la tierra no nos conoció ni se conoció ella misma.
Y de las noches cuando la tierra estuvo atormentada en confusión.
Sabios vinieron a vosotros a daros de su sabidurÃa. Yo he venido a tomar de vuestra sabidurÃa.
Y he aquà que he hallado lo que es más grande que la sabidurÃa misma. Es un espÃritu ardiente en vosotros que junta cada vez más de él mismo.
Mientras vosotros, ausentes de su expansión, lloráis el marchitarse de vuestros dÃas.
Es la vida en busca de vida en los cuerpos que temen la tumba. No hay tumbas aquÃ.
Estas montañas y llanuras son una cuna y un peldaño. Cada vez que paséis cerca del campo, donde dejasteis a vuestros antecesores reposando, mirad bien y os veréis vosotros mismos y veréis a vuestros hijos danzando de la mano. En verdad, os divertÃs a menudo sin saberlo.
Otros han venido a quienes, por doradas promesas hechas a vuestra fe, habéis dado riquezas y poder y gloria.
Menos que una promesa os he dado yo y, sin embargo, habéis sido más generosos conmigo.