El Profeta
El Profeta Me habéis dado la sed más profunda para mi vida futura. No hay seguramente para un hombre regalo más grande que aquel que hace de todos sus anhelos unos sedientos labios y de toda su vida una fontana fresca.
Y allà mi honor y mi premio:
Que, cada vez que voy a la fuente a beber, encuentro el agua viviente sedienta ella misma; y ella me bebe mientras yo la bebo.
Algunos de vosotros me habéis juzgado orgulloso y exageradamente esquivo para recibir regalos.
Soy, en verdad, demasiado orgulloso para recibir salario, pero no regalos.
Y aunque he comido bayas entre las colinas, cuando hubierais querido sentarme a vuestra mesa.
Y dormido en el pórtico del templo cuando me hubierais acogido gozosamente, ¿no fue acaso vuestro cuidado amante de mis dÃas y mis noches el que hizo la comida dulce a mi boca y ciñó con visiones mi sueño?
Yo os bendigo aún más por esto: Vosotros dais mucho y no sabéis qué dais. Verdaderamente, la bondad que se mira a sà misma en un espejo se convierte en piedra.
Y una buena acción que se llama a ella misma con nombres tiernos se transforma en pariente de una maldición. Y algunos de vosotros me habéis llamado solitario y embriagado en mi propio aislamiento.