El Profeta
El Profeta Y el que volaba se arrastró también.
Porque, cuando mis alas se extendÃan al sol, su sombra sobre la tierra fue una tortuga.
Y el creyente fue también el escéptico;
Porque yo he puesto a menudo mi dedo en mi propia herida para poder creer más en vosotros y conoceros mejor. Y es con esa fe y ese conocimiento que os digo:
No estáis encerrados en vuestro cuerpo, ni confinados a vuestras casas o campos.
Aquello que en vosotros habita sobre las montañas y pasea con el viento.
No es esa cosa que se arrastra bajo el sol buscando calor o excava agujeros en la oscuridad, buscando refugio.
Sino algo libre, un espÃritu que envuelve la tierra y se mueve en el éter.
Si éstas son palabras vagas, no busquéis aclararlas.
Vago y nebuloso es el principio de todas las cosas, pero no su fin. Y yo desearÃa que me recordárais como un comienzo.
La vida, y todo lo que vive, son concebidos en la bruma y no en el cristal.
¿Y quién sabe si el cristal no es la decadencia de la bruma?
Yo desearÃa que recordárais esto al recordarme: