El Profeta
El Profeta Aquello que parece más débil y turbado en vosotros es lo más fuerte y lo más determinado.
¿No es vuestro aliento el que ha erigido y endurecido la estructura de vuestros huesos?
¿Y no es un sueño, que ninguno de vosotros recuerda haber soñado, el que edificó vuestra ciudad e hizo todo lo que en ella hay?
Si pudiérais ver las mareas de ese aliento, dejarÃais de ver todo lo demás.
Y, si pudiérais oÃr el murmullo del sueño, no oirÃais ningún otro sonido.
Pero no veis ni oÃs, y eso está bien.
El velo que nubla vuestros ojos será levantado por las manos que lo hilaron.
Y la arcilla que llena vuestros oÃdos será horadada por aquellos dedos que la amasaron.
Y veréis.
Y oiréis.
Y no deploraréis, entonces, el haber conocido la ceguera, ni sentiréis haber estado sordos.
Porque ese dÃa conoceréis el propósito escondido de todas las cosas. Y bendeciréis la oscuridad como bendecÃais la luz.
Estas cosas dichas, miró a su alrededor y vio al piloto de su barco de pie ante el timón y mirando, ora a las henchidas velas, ora a la distancia.
Y dijo: