El Profeta
El Profeta Paciente, más que paciente, es el capitán de mi barco.
El viento sopla y las velas están inquietas. Aún el timón solicita una ruta.
Y, sin embargo, tranquilamente, mi capitán espera mi silencio.
Y esos mis marineros, que han oÃdo el coro del inmenso mar, tienen también que oÃrme pacientemente.
Pero no esperarán ahora ya.
Estoy presto.
La corriente ha llegado al mar y, una vez más, la gran madre aprieta a su hijo contra su pecho.
Adiós, pueblo de Orfalese.
Este dÃa ha terminado.
Se está cerrando sobre nosotros como un nenúfar se cierra sobre su propio mañana.
Guardamos lo que aquà nos ha sido dado,
Y, si no es suficiente, nos reuniremos de nuevo y juntos tenderemos nuestras manos hacia el dador.
No olvidéis que yo volveré hacia vosotros.
Un momento, no más, y mi anhelo reunirá espuma y polvo para otro cuerpo.
Un momento, un momento de descanso en el viento, y otra mujer me llevará consigo.
Adiós a vosotros y a la juventud que he pasado con vosotros. Fue ayer que nos encontramos en mi sueño.