Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther La puesta de sol es magnÃfica sobre esta región cubierta de brillante nieve, el viento se ha llevado la tormenta y yo… yo debo encerrarme de nuevo en mi jaula. ¡Adiós! ¿Está Albert con vos? ¿Y cómo…? ¡Que Dios me perdone por esta pregunta!
8 de febrero
Desde hace ocho dÃas tenemos un tiempo espantoso, aunque me está haciendo bien, ya que desde que estoy aquà no ha habido un dÃa hermoso en el cielo que no me haya estropeado alguien o que no me hayan quitado las ganas. Pero cuando llueve de verdad y hay ventisca y hielo y rocÃo, ¡ah!, entonces pienso que en casa no se puede estar peor que fuera, o al revés, y asà me siento bien. Si el sol se levanta por la mañana augurando un dÃa hermoso, nunca puedo evitar exclamar: aquà tenemos de nuevo un regalo del cielo que acabaremos arrebatándonos unos a otros. No hay nada que no nos quiten. ¡Salud, buen nombre, alegrÃa, descanso! Y la mayor parte de las veces por necedad, ignorancia y mezquindad, y, como siempre dicen, lo hacen con la mejor intención. A veces les pedirÃa de rodillas que no se sacaran las entrañas con tanta furia.
17 de febrero