Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther Temo que mi embajador y yo no aguantaremos mucho más juntos. El tipo es del todo insoportable. Su forma de trabajar y hacer negocios es tan ridÃcula que no puedo evitar contradecirlo y hacer a menudo las cosas a mi manera, siguiendo mis propias ideas, algo que a él nunca le parece bien, como es natural. Por este motivo denunció mi comportamiento en la corte y el ministro me dedicó una reprimenda, suave, sÃ, pero una reprimenda al fin y al cabo, y ya estaba dispuesto a presentar mi dimisión cuando recibà una carta privada suya[5], una carta ante la cual me arrodillé y veneré aquella inteligencia alta, noble y sabia. ¡Cómo me reprocha mi excesiva sensibilidad, cómo alaba mis extremadas ideas sobre la eficacia, sobre la influencia en los demás, sobre cómo imponerse en los negocios!; y las considera muestras de ánimo juvenil y bienintencionado; y cómo desea no echarlas a perder, sino suavizarlas y reconducirlas al lugar adecuado, allà donde pueden tener un efecto realmente poderoso. He encontrado fuerzas para los próximos ocho dÃas y me he puesto en paz conmigo mismo. La tranquilidad de espÃritu es algo maravilloso, asà como la alegrÃa en sÃ. ¡Querido amigo, ojalá esta joya no fuera tan frágil como bella y valiosa!
20 de febrero
¡Que Dios os bendiga, queridos amigos, y os dé todos los dÃas buenos que a mà me quita!