Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther 3 de septiembre
¡Debo irme! Gracias, Wilhelm, por haber fortalecido mi vacilante resolución. Llevaba ya catorce dÃas con la idea de abandonarla. Debo irme. Está otra vez en la ciudad visitando a una amiga. Y Albert… y… ¡Debo irme!
10 de septiembre
¡Qué noche! Wilhelm, ahora soportaré cualquier cosa. ¡No volveré a verla! ¡Lástima no poder volar hasta tu cuello para poder expresarte con miles de lágrimas y muestras de satisfacción las sensaciones que se amontonan en mi corazón, amigo mÃo! Estoy aquà sentado cogiendo aire, intentando tranquilizarme esperando la mañana y he mandado preparar los caballos para el amanecer.
Ay, ella duerme tranquila y no sospecha que no volverá a verme. Me he liberado, he sido lo suficientemente fuerte como para no confesar mi propósito durante una conversación de dos horas. ¡Y qué conversación, Dios mÃo!