Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther Albert me había prometido que estaría en el jardín con Lotte justo después de la cena. Yo me encontraba de pie en la terraza bajo los altos castaños y seguía al sol con la mirada mientras se ponía por última vez para mí más allá del delicioso valle, sobre el dulce río. Había estado allí tantas veces con ella observado la magnífica escena, y ahora… Caminé de un lado a otro del paseo que tanto me agradaba; una atracción secreta y empática me había llevado a detenerme allí a menudo antes incluso de conocer a Lotte, y cuánto nos alegramos cuando descubrimos al comienzo de la relación nuestra común inclinación por este pequeño lugar que es realmente uno de los más románticos que el arte ha producido.
Sólo a través de los castaños puedes divisar las amplias vistas. Ay, creo recordar que ya te he descrito a menudo cómo las altas paredes de hayas rodean al fin a uno y cómo un bosquecillo hace que todo sea cada vez más umbrío, hasta que el paseo termina al final en una plazuela en la que flotan todas las tristezas de la soledad. Aún conservo la acogedora sensación que me produjo cuando entré un mediodía; en silencio presentí que este lugar sería escenario de felicidad y dolor.