Almas muertas
Almas muertas Por algunas partes, sencillamente en plena calle, había tenderetes con nueces, jabón y unas galletas que semejaban jabón. En otras, se descubría un figón en cuyo anuncio se representaba un pescado de tamaño mediano y, hundido en él, un tenedor. Pero lo que más a menudo se observaba eran las ennegrecidas águilas bicéfalas imperiales que actualmente han sido suplantadas por el lacónico letrero de «Bebidas». La pavimentación era por completo bastante deficiente.
Nuestro paseante se dejó caer también por el jardín público, formado por unos raquíticos arbolitos que no habían prendido bien, sostenidos por unos rodrigones[6] triangulares bellamente pintados de verde al aceite. Sin embargo, a pesar de que dichos arbolitos no eran más altos que un bastón, de ellos se había hablado en los periódicos, con motivo de unas iluminaciones, diciendo que «nuestra ciudad ha sido embellecida, gracias a los desvelos de las autoridades, con un jardín de gruesos y tupidos árboles, que dan sombra en los días de mucho calor», y que «era conmovedor contemplar cómo los corazones de los ciudadanos palpitaban llenos de agradecimiento y cómo manaban de sus ojos lágrimas a raudales, como muestra de gratitud al señor alcalde».