Almas muertas
Almas muertas Nozdriov se dejó arrastrar por la furia que le invadía y se aproximó tanto a Chichikov que éste tuvo que retroceder dos pasos.
—¡Te voy a obligar a que juegues! Da igual que hayas revuelto todas las fichas, me acuerdo muy bien de las jugadas. Volveremos a ponerlas tal como estaban.
—No, hermano, esto se acabó. No jugaré contigo.
—¿Qué, te niegas a jugar?
—Tú mismo ves que no es posible jugar contigo.
—Dime claramente si quieres jugar o no —exclamó Nozdriov aproximándose otra vez a Chichikov.
—¡No, no quiero! —gritó Chichikov, quien no obstante se llevó las manos a la cara a fin de prevenir cualquier eventualidad, ya que aquella disputa se había puesto realmente demasiado violenta.
Su precaución fue muy oportuna, pues Nozdriov alzó la mano… y habría podido suceder muy bien que una de las preciosas y rollizas mejillas de nuestro protagonista se hubiera visto cubierta por una afrenta imborrable. Pero tuvo la buena fortuna de desviar el golpe, cogió a Nozdriov por ambas manos y se las sujetó con toda la fuerza de que era capaz.
—¡Porfiri! ¡Pavlushka! —comenzó a gritar Nozdriov intentando desasirse.